RÍO DE JANEIRO.- Dicen que cuando los primeros españoles llegaron a América y vieron los manatíes pensaron que habían encontrado a las legendarias sirenas. Si la historia es cierta, aquellos exploradores debían tener en alto aprecio las formas gruesas. Los manatíes son animales de aspecto rechoncho. Su gran tamaño hace que prácticamente carezcan de depredadores; o, al menos, así era hasta que se toparon con el ser humano.
A pesar de ser una especie protegida por las leyes brasileñas, los manatíes todavía son cazados para el aprovechamiento de su carne. Como éste es el único, aunque importante, aprovechamiento que se hace del animal, las crías, que a menudo son empleadas para atraer a sus padres, son abandonadas. Algunas de ellas son encontradas por los miembros del Instituto Nacional de Búsquedas en el Amazonas (INPA) que las mantiene en acuarios especiales.
Estos animales crecidos en cautividad son los que ahora se quieren reintroducir. La primera recolonización, que tendrá un carácter experimental, se realizara en el río Cuieiras, un afluente del río Negro. Dos manatíes machos serán liberados con un collar que permita su localización. De este modo, se quiere tener información más precisa sobre las migraciones de la especie durante la sequía y la crecida.
La razón por la que se da prioridad a la reintroducción de los machos sobre las hembras tiene que ver con el lento proceso de gestación de los manatíes. Cada hembra sólo tiene una cría, y sólo al cabo de, como mínimo, dos años. Por tanto, la población de manatíes crecerá más deprisa con la introducción de machos, que pueden copular con varias hembras y reducir el tiempo entre cada alumbramiento.
Según Vera da Silva, investigadora del INPA, es "muy importante" reintroducir el manatí en su hábitat porque, con la tortuga y el capiraba -que también están amenazados- es el único animal "capaz de transformar en estiércol la biomasa verde flotante de los ríos amazónicos, de los que depende toda la cadena productiva acuática".
Y es que el manatí es un enorme devorador de plantas. Según da Silva, "cada animal consume diariamente del 8 al 10 % de su propio peso (entre 350 y 400 kilogramos) en alimento". Esto supone un problema para sus cuidadores, pues resulta complicado hacerse con una cantidad tan ingente de vegetación. "Este año INPA gastó unos 25.000 dólares en alimento", indicó da Silva.
El propósito inicial es liberar a la mitad de los manatíes que la organización tienen en cautividad. No será posible liberar a todos porque, según da Silva, "algunos son demasiado jóvenes; y otros, en cautividad desde hace 30 años, no serían capaces de vivir libres". Un manatí puede alcanzar los 40 ó 50 años de vida.
En : www.elmundo.es 24/08/2007